viernes, 5 de julio de 2013

Serial killer

“Resigno saber qué lee este lector. Espero el próximo tren”.
Daniela Azulay

Contámela a mí.

Me vi pilas de policiales y leí el suspenso en todos los idiomas (traducidos, sí, pero no cambia).

Entonces.

Yo sé que el asesino serial tiene un patrón de conducta. (Ella se ajusta al physique du rol).

Y  sé que para entrar en la mira del asesino se debe exhibir algún tipo de señal que le active el delito. (Daniela responde a).

Y uno más uno me suman…

Llegó el momento.

Tengo que escribirlo.

O denunciarla.

Yo fui testigo
Sábado al mediodía en un bar, cita con Daniela. Las coordenadas exactas son irrelevantes porque podría haber sido en cualquier lugar.   

Llegué más o menos a la hora que quedamos. Ella no. Igual me mandó un mensajito disculpándose. “Subte parado en estación Pueyrredón”. No me sorprendió. Convengamos que el subte anda mal cada dos por tres. Entonces saqué el libro. (Si doy testimonio ¿tengo que aclarar qué libro leía? ¿Se puede caer toda mi declaración por errarle en el dato? Me aventuro por “El mundo según Garp”. Pero no se).

Apareció 20 minutos tarde. Tal vez fueron quince, no quiero exagerar. Yo ya había pedido mi café y lo había terminado. Incluso, me había tragado –con culpa- ese chocolate que te dan casi como un suvenir y que no perdono. ¿O era una masita, como le decíamos en General Roca?

Llegó. Volvió a decir lo del subte. (¿Por qué tanta insistencia? Si yo no le pedía explicaciones). Y empezamos a charlar, como siempre. Que los chicos, que la vida, que el laburo, que el no laburo.
Hasta que Daniela dice.
“No lo puedo creer”.

Pocos movimientos –dos o tres- y su mano está en la cartera que había colgado en el respaldo de la silla. Sin mirar tantea y encuentra lo que busca. Sus ojos están plantados en un punto fijo, detrás de mí. Y yo giro con cierto nervio, o precaución.

No veo nada. O nada que mereciera… Vuelvo la vista hacia Daniela justo en el momento en que ella gatilla. Ni a preguntar alcancé.

Serial
El bar estaba bastante vacío. A dos mesas había una mujer. Una mujer sola. Yo ni siquiera la había visto. Bueno, estaba a mis espaldas, es verdad. De todos modos, estoy segura de que no la hubiera observado nunca.

Pero.

La mujer leía. Y en ese dato tan ¿imperceptible? está la clave. Es que Daniela responde a ese tipo de señales.

 “¿A quién se le ocurre salir con los derechos de autor un sábado al mediodía?”, pregunta mientras guarda el teléfono que usa como cámara fotográfica.

Ya la tenía. Ya era su presa. Esa mujer de unos ¿50? pasaba a formar parte de las escenas lectoras, su serie.

Killer
Daniela podría haber sido una serial killer –yo lo sé- pero decidió trabajar para el bien. Es una criminal –peligrosa quizás- que en vez de disparar, sublima y hace arte. ¿Su arma? Un simple e inofensivo celular. Ojo que yo le negaría una reglamentaria.  

Soy/fui periodista y en el bar empecé a preguntar acerca de su modus operandi. Apunto mecánica del crimen (tal vez crimen es mucho decir, lo admito).

En la escena siempre hay un libro y hay un lector.

Ella se acomoda y apunta. Y sin que nadie pueda imaginarse qué está haciendo –menos que menos la víctima- escracha una foto en situación.

“No se dan cuenta”, insiste cuando insisto.  

Mirate cualquier película clase B. En algún momento el detective descubre el cuartucho en donde vive el fulano y las paredes están llenas de imágenes recortadas y así pueden descubrir cuál es la próxima y van y lo atrapan.

Daniela no tiene cuartucho. Ella se armó un blog. Y sube las fotos a la red. También escribe una frase que cataloga. Y si hay suerte, te regala un fragmento del libro que lee el lector.

Ahora me doy cuenta. Es la única serial killer que podría encontrarse dos veces con la misma víctima. Y esto del ebook le gusta, pero también debería preocuparle. El trabajo se le hace más difícil. Se pierden las tapas.

Invisible
Está adiestrada, que no te sorprenda. Vos podés ser uno de sus blancos. Para Daniela la vida es sólo una buena excusa para.

Y creo. No, no puede ser. Pero sí. Es muy probable que… Un día, un sábado, en un bar, al mediodía… Fui su víctima.

Silenciosa
Seguramente ella llegó puntual a la cita. Sabía, me conoce, que iba a llevar un libro. Entonces, esperó escondida (¿en qué lugar? ¿los mozos serán sus cómplices?) Ahí nomás llegué a la cita y ella me mandó ese mensaje del subte atrasado. Tanta insistencia, si nadie le pedía explicaciones (tengo que averiguar si ese día hubo problemas en la línea B, tengo que recordar la hora exacta).  Y yo que saco el libro y Daniela que me pone en su mira y (¿quién propuso ese bar, ella o yo?).

Voy a entrar al blog. Estoy intrigada ¿Será con El mundo según Garp?

¿Se habrá atrevido a subir mi foto?
http://escenaslectoras.blogspot.com.ar/

11 comentarios:

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  2. La curiosidad me trajo hasta aquí y no mató al gato, sino que lo tiene atrapado regocijándose con tanta golosina. Felicitaciones por una prosa impecable!

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  3. Respuestas
    1. Quien hubiera dicho en los 80 que los pibes de Roca íbamos a reencontrarnos en un blog. Gracias Carlitos! (me es raro decirte Charly)

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  4. publico en anónimo, pero soy yo, iva, no sé como ponerme visible. :) Me encantó!

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