La imagen es la de una tipa que corre por dos andenes.
Salta de la síntesis al tono, o viceversa.
También espera.
Con suerte se sube.
Y relata.
La mina en cuestión es una pasajera en tránsito.
martes, 16 de julio de 2013
viernes, 5 de julio de 2013
Serial killer
Contámela a mí.
Me vi pilas de policiales
y leí el suspenso en todos los idiomas (traducidos, sí, pero no cambia).
Entonces.
Yo sé que el asesino
serial tiene un patrón de conducta. (Ella se ajusta al physique du
rol).
Y sé que para entrar en la mira del asesino se
debe exhibir algún tipo de señal que le active el delito. (Daniela responde a).
Y uno más uno me suman…
Llegó el momento.
Tengo que escribirlo.
O denunciarla.
Yo fui testigo
Sábado al mediodía en un bar, cita con Daniela. Las coordenadas exactas son irrelevantes porque podría haber sido en cualquier lugar.
Sábado al mediodía en un bar, cita con Daniela. Las coordenadas exactas son irrelevantes porque podría haber sido en cualquier lugar.
Llegué más o menos a la hora
que quedamos. Ella no. Igual me mandó un mensajito disculpándose. “Subte parado
en estación Pueyrredón”. No me sorprendió. Convengamos que el subte anda mal
cada dos por tres. Entonces saqué el libro. (Si doy testimonio ¿tengo que
aclarar qué libro leía? ¿Se puede caer toda mi declaración por errarle en el
dato? Me aventuro por “El mundo según Garp”. Pero no se).
Apareció 20 minutos tarde.
Tal vez fueron quince, no quiero exagerar. Yo ya había pedido mi café y lo
había terminado. Incluso, me había tragado –con culpa- ese chocolate que te dan
casi como un suvenir y que no perdono. ¿O era una masita, como le decíamos en
General Roca?
Llegó. Volvió a decir lo
del subte. (¿Por qué tanta insistencia? Si yo no le pedía explicaciones). Y
empezamos a charlar, como siempre. Que los chicos, que la vida, que el laburo,
que el no laburo.
Hasta que Daniela dice.
“No lo puedo creer”.
Pocos movimientos –dos o
tres- y su mano está en la cartera que había colgado en el respaldo de la silla.
Sin mirar tantea y encuentra lo que busca. Sus ojos están plantados en un punto
fijo, detrás de mí. Y yo giro con cierto nervio, o precaución.
No veo nada. O nada que
mereciera… Vuelvo la vista hacia Daniela justo en el momento en que ella
gatilla. Ni a preguntar alcancé.
Serial
El bar estaba bastante vacío. A dos mesas había una mujer. Una mujer sola. Yo ni siquiera la había visto. Bueno, estaba a mis espaldas, es verdad. De todos modos, estoy segura de que no la hubiera observado nunca.
El bar estaba bastante vacío. A dos mesas había una mujer. Una mujer sola. Yo ni siquiera la había visto. Bueno, estaba a mis espaldas, es verdad. De todos modos, estoy segura de que no la hubiera observado nunca.
Pero.
La mujer leía. Y en ese
dato tan ¿imperceptible? está la clave. Es que Daniela responde a ese tipo de
señales.
“¿A quién se le ocurre salir con los derechos
de autor un sábado al mediodía?”, pregunta mientras guarda el teléfono que usa
como cámara fotográfica.
Ya la tenía. Ya era su presa.
Esa mujer de unos ¿50? pasaba a formar parte de las escenas lectoras, su serie.
Killer
Daniela podría haber sido una serial killer –yo lo sé- pero decidió trabajar para el bien. Es una criminal –peligrosa quizás- que en vez de disparar, sublima y hace arte. ¿Su arma? Un simple e inofensivo celular. Ojo que yo le negaría una reglamentaria.
Daniela podría haber sido una serial killer –yo lo sé- pero decidió trabajar para el bien. Es una criminal –peligrosa quizás- que en vez de disparar, sublima y hace arte. ¿Su arma? Un simple e inofensivo celular. Ojo que yo le negaría una reglamentaria.
Soy/fui periodista y en el
bar empecé a preguntar acerca de su modus operandi. Apunto mecánica del crimen
(tal vez crimen es mucho decir, lo admito).
En la escena siempre hay
un libro y hay un lector.
Ella se acomoda y apunta. Y
sin que nadie pueda imaginarse qué está haciendo –menos que menos la víctima- escracha
una foto en situación.
“No se dan cuenta”,
insiste cuando insisto.
Mirate cualquier película
clase B. En algún momento el detective descubre el cuartucho en donde vive el
fulano y las paredes están llenas de imágenes recortadas y así pueden descubrir
cuál es la próxima y van y lo atrapan.
Daniela no tiene
cuartucho. Ella se armó un blog. Y sube las fotos a la red. También escribe una
frase que cataloga. Y si hay suerte, te regala un fragmento del libro que lee
el lector.
Ahora me doy cuenta. Es la
única serial killer que podría encontrarse dos veces con la misma víctima. Y esto
del ebook le gusta, pero también debería preocuparle. El trabajo se le hace más
difícil. Se pierden las tapas.
Invisible
Está adiestrada, que no te sorprenda. Vos podés ser uno de sus blancos. Para Daniela la vida es sólo una buena excusa para.
Está adiestrada, que no te sorprenda. Vos podés ser uno de sus blancos. Para Daniela la vida es sólo una buena excusa para.
Y creo. No, no puede ser.
Pero sí. Es muy probable que… Un día, un sábado, en un bar, al mediodía… Fui su
víctima.
Silenciosa
Seguramente ella llegó puntual a la cita. Sabía, me conoce, que iba a llevar un libro. Entonces, esperó escondida (¿en qué lugar? ¿los mozos serán sus cómplices?) Ahí nomás llegué a la cita y ella me mandó ese mensaje del subte atrasado. Tanta insistencia, si nadie le pedía explicaciones (tengo que averiguar si ese día hubo problemas en la línea B, tengo que recordar la hora exacta). Y yo que saco el libro y Daniela que me pone en su mira y (¿quién propuso ese bar, ella o yo?).
Seguramente ella llegó puntual a la cita. Sabía, me conoce, que iba a llevar un libro. Entonces, esperó escondida (¿en qué lugar? ¿los mozos serán sus cómplices?) Ahí nomás llegué a la cita y ella me mandó ese mensaje del subte atrasado. Tanta insistencia, si nadie le pedía explicaciones (tengo que averiguar si ese día hubo problemas en la línea B, tengo que recordar la hora exacta). Y yo que saco el libro y Daniela que me pone en su mira y (¿quién propuso ese bar, ella o yo?).
Voy a entrar al blog.
Estoy intrigada ¿Será con El mundo según Garp?
¿Se habrá atrevido a subir
mi foto?
http://escenaslectoras.blogspot.com.ar/
lunes, 24 de junio de 2013
Ana. Sus mundos
“¿Cómo se organiza la espera dentro de
la espera?”.
Ana López
En otros tiempos fue Carolina.
Hoy es Ana. Sin apodos ni diminutivos.
Escribe.
Ana López
En otros tiempos fue Carolina.
Hoy es Ana. Sin apodos ni diminutivos.
Escribe.
“Pruebo, pero no lo encuentro”, publicó en su blog Escriticios el 4 de febrero de 2010. Hacía
quince años que le escapaba a la ficción y ya le dolía. Tres años después Ana López presenta
su novela, Principio de necesidad. En
el trayecto hay cuentos con estilo propio,
publicaciones y el premio de haber sido finalista en el Rulfo.
¿Qué sucedió entre ese día de verano en que subrayó en su
blog que probaba pero no encontraba y el momento en que empezó a escribir?
¿Cómo se enciende una artista que se encuentra anestesiada?
Enigmas.
Y algunas certezas.
Y algunas certezas.
La que escribe, la que lee
“Si tuviera que elegir quién en mi es la que escribe, sería una que es escritora todo el tiempo”.
“Si tuviera que elegir quién en mi es la que escribe, sería una que es escritora todo el tiempo”.
Inventa cuentos desde siempre. O desde
que su señorita Marta la tentó a los nueve años leyendo sus narraciones frente
a los compañeros. En la adolescencia vinieron los talleres y más tarde la
carrera de Letras. Un clásico ahí. En ese transitar por las aulas de Puán 480,
Ana dejó de escribir ficción. “La Facultad te mata porque es muy
despectiva”, explica, y en algún lugar se arrepiente de Letras. Sin embargo
agradece las lecturas.
Ana es y fue lectora.
“Leer me salva –asegura-.
Cuando todo se cae, a mí leer me rescata. Escribir no siempre me salva.
A veces me angustia muchísimo”.
Para escribir prefiere la soledad, esa de las seis de la
mañana. Pero el silencio no es condición excluyente. Se entiende, vive en
familia.
Cuando se mete en sus textos se ubica en
un universo paralelo, fuera de la lógica del cotidiano, pero se vale del mundo
terrenal. Ana es de las que camina las cuadras que va a desandar su personaje.
O visita un hospital de Barcelona, porque ese lugar va a ser el escenario de un
encuentro. O mira desde una ventana y ve la foto que es tapa de su novela.
Labura en la hoja.
Labura fuera de la hoja.
Sostiene que escribir es pensar. Incluso va por más y
asegura que escribir es mucho más pensar que plasmar. En tanto, frente al
binomio inspiración/ transpiración no duda. Ella descree de la inspiración.
Cree en otras cosas.
“Creo en el talento. Y
creo que se confunde la inspiración con una mirada aguzada. Realizo un tratamiento quirúrgico sobre
aquello que veo pero me parece que es un error llamarlo inspiración”.
Ana encuentra una relación dialéctica en eterna
confabulación entre “esto de tener tan aguzada la mirada y escribir historias”. No la interrumpas mientras teje y desteje la trama.
No le va a gustar.
Principio
de necesidad
¿Qué lleva a un artista a sentarse frente a la página en blanco y alinear un sentido, aunque angustie?
¿Qué lleva a un artista a sentarse frente a la página en blanco y alinear un sentido, aunque angustie?
Ana responde con la mayor de las profundidades simples: “Escribo
porque no puedo no escribir”. Y ante una mesa –que no es la suya- intenta descifrar
la experiencia de volver a contar historias después de 15 años de abstinencia.
“La decisión de buscar un espacio programático de escritura fue clave”, asegura.
El taller. Un maestro. Juan Martini.
También rescata el cruce con un amigo del pasado que le
recordó que ella podía hacerlo. “Me encontré con un compañero de los talleres
iniciales que me preguntó si escribía y le dije que no. ¿Y vos?, le pregunté. Me
dijo que tampoco. Para ese entonces yo ya sentía que cargarle la culpa a la
carrera era una coartada, pero apelé al cliché. Él me despidió con una
advertencia: lo peor es que nosotros sabemos que podemos escribir”.
La frase quedó dando vueltas en ese espacio particular
que nos impulsa a definirnos. Sólo después vino Martini, las consignas
disparadoras y empezar.
Escribir,
el acto
Café –varios- un mate y disciplina. En su escritorio hay también teléfono y computadora encendida. Es que al mismo tiempo que crea, se documenta e investiga. Ese dato. Ese lugar. El significado de esa palabra.
Café –varios- un mate y disciplina. En su escritorio hay también teléfono y computadora encendida. Es que al mismo tiempo que crea, se documenta e investiga. Ese dato. Ese lugar. El significado de esa palabra.
Ana tiene una libreta en donde anota. “Hay como un
instante en donde se cayó un pajarito de un nido. Entonces yo lo vi y apunté. Tengo
una lista larguísima de cosas que pasan”. Muchas veces vuelve a sus anotaciones.
Otras, la imagen es tan potente que no necesita ir a buscarla. Como la de dos
mujeres desconocidas que están juntas en una habitación, el germen de su novela.
“Mi novela es el resultado de una novela
frustrada”, sentencia.
Un día
se subió a un avión que la llevaba a París con la consigna de definir
una historia que venía entreverada. Y regresó con otro libro en construcción: Principio de necesidad.
La imagen –la del germen- apareció en el
viaje. Dos mujeres desconocidas que comparten una escena. Y le fue anudando la tensión
dramática, los personajes secundarios, el conflicto. Es el relato de una espera
desde una fibra íntima y poco complaciente. Podría haber sido en un pueblo del
interior pero fue Barcelona.
Cuando se sentó a escribir Principio de necesidad temía volver a
perderse, como en esa novela que no llegó a ser. Se propuso un plan.
Eran diez días divididos en diez
capítulos. Entonces iba a escribir uno por semana.
“Entre el lunes y el martes debía resolver dos páginas, que maduraba el miércoles y el jueves. El viernes y el sábado cerraba. En general el domingo ya estaba pensando el día siguiente”.
“Entre el lunes y el martes debía resolver dos páginas, que maduraba el miércoles y el jueves. El viernes y el sábado cerraba. En general el domingo ya estaba pensando el día siguiente”.
Los dos últimos capítulos fueron escritos prácticamente a
la vez. “Yo ya tenía claro como terminaba. Quizás me faltaba ajustar los giros
retóricos pero conocía el final”.
Cuando escribe ella sabe, sí, pero
también se deja sorprender por su trama. “Es lo divertido”, sostiene. Sus
textos tienen un fondo críptico. Es lógico, le faltan algunas piezas.
Esas
criaturas
“Lo más lindo de volver a escribir, de meterme otra vez en ese mundo que yo ya conocía, fue pensar en esos otros. Cuando escribís un cuento está buenísimo, cuando escribís una novela es mejor todavía porque estás mucho tiempo absorbido por sus vidas”.
“Lo más lindo de volver a escribir, de meterme otra vez en ese mundo que yo ya conocía, fue pensar en esos otros. Cuando escribís un cuento está buenísimo, cuando escribís una novela es mejor todavía porque estás mucho tiempo absorbido por sus vidas”.
Si hay pinceladas que tienen que ver con ella. Y si, las
hay. En Principio de necesidad hay
además mucho laburo con el lenguaje. Y aparece también su trabajo, el de
afuera, el del mundo terrenal. Ana planta al personaje en la escena y lo deja
jugar en sus contradicciones.
Los ama, pero no es complaciente. Ahora está
escribiendo acerca de una mujer que quiere menos y le cuesta más. Pero quien te
dice, con el tiempo tal vez se encariñe. Y cuando deba despedirse…
“Terminé Principio
de necesidad un 26 de octubre. Lloré todo un fin de semana. Son tres meses
de tu vida en donde estuviste metida en ese mundo. Y surge una sensación de ¿ahora
qué? El lunes y el martes corregí, con la impresión de que era una bosta, y
mandé una copia a una convocatoria de la editorial Textos Intrusos. 10 días después recibí un llamado que no esperaba.
Iban a publicarla”.
Y está bien que así sea.
Es una buena historia. Te atrapa. Te lleva a un lugar inesperado.
Julia, su protagonista, vale la travesía.
Es una buena historia. Te atrapa. Te lleva a un lugar inesperado.
Julia, su protagonista, vale la travesía.
La anestesia. Los antídotos
15 años sin escribir, la lectura –que siempre salva-, un encuentro azaroso, un maestro que sabe llevarte bien y ahí tenés, una escritora que publica.
15 años sin escribir, la lectura –que siempre salva-, un encuentro azaroso, un maestro que sabe llevarte bien y ahí tenés, una escritora que publica.
Suena fácil.
Pero.
¿Qué sucedió
entre el instante en que Ana no encontraba personajes para amar y ese otro en
donde volvió a tramar relatos?
“No puedo dar una respuesta. Cuando
pasó, ya estaba ahí otra vez. Era como andar en bicicleta. A
mis 18 años pensaba que no había historias para contar. Hoy creo que las
historias están por todos lados”.
Es como andar en bicicleta, dice.
Y Ana sí que pedalea.
Hay que seguirla.
Y Ana sí que pedalea.
Hay que seguirla.
sábado, 15 de junio de 2013
Lista Nothomb
Amelie Nothomb
es una escritora diferente. Empezás a leerla y querés otro. Por suerte es muy prolífica. Va lista. Es un top four.
Crónica de la relación epistolar entre una escritora, Amelie Nothomb, y uno de sus lectores. Que este hombre sea obeso hace a la historia.
Lo terminé ayer. Dice la contratapa que es autobiográfico. No leas la contratapa, porque además de este dato cuenta demasiado. Recién escribí que la novela es perfecta, irónica y hermosa. Justo como me imagino que es Amelie. Mi amiga Gabriela Larralde te diría que le prestes atención a ese ventanal.
Chiquita. Muy llevadera. Me gustó estar ahí. Tal vez podría suscribir un pero. Pero no.
Nombre increíble. No quería esperar para comprármelo. La pasé bien. No me extasió. Bueno, no siempre tiene que ser el gran viaje.
Un viaje.
Agrego el quinto, recomendación de la amiga Daniela Azulay:
«Brillante como una cacerola». Son cuentos. Es más. Creo que lo primero que leí de Amelie es de ese libro. Fue en un taller que siempre estamos por aceitar con Steinberg y Azulay.
El primero que leí, mi preferido.
“Una forma de vida”. Crónica de la relación epistolar entre una escritora, Amelie Nothomb, y uno de sus lectores. Que este hombre sea obeso hace a la historia.
Ahí nomás, bien cerquita.
“Estupor y temblores”. Lo terminé ayer. Dice la contratapa que es autobiográfico. No leas la contratapa, porque además de este dato cuenta demasiado. Recién escribí que la novela es perfecta, irónica y hermosa. Justo como me imagino que es Amelie. Mi amiga Gabriela Larralde te diría que le prestes atención a ese ventanal.
Le sigue:
“Cosmética del enemigo”. Chiquita. Muy llevadera. Me gustó estar ahí. Tal vez podría suscribir un pero. Pero no.
En el cuarto puesto, el último que salíó:
“Matar al padre”. Nombre increíble. No quería esperar para comprármelo. La pasé bien. No me extasió. Bueno, no siempre tiene que ser el gran viaje.
Un viaje.
Agrego el quinto, recomendación de la amiga Daniela Azulay:
«Brillante como una cacerola». Son cuentos. Es más. Creo que lo primero que leí de Amelie es de ese libro. Fue en un taller que siempre estamos por aceitar con Steinberg y Azulay.
El que no:
“Ordeno y mando”.
Cada uno es un universo diferente. Inquietante. Yo sigo a Amelie Nothomb.
Acepto sugerencias para continuar.
Acepto sugerencias para continuar.
lunes, 10 de junio de 2013
El tema de la resignación
Desafío.
Con miedo y sin red se sostiene en una estructura vacilante.
Los hombros a media asta develan el duelo.
La decrepitud acecha.
Ella.
lunes, 3 de junio de 2013
La palabra esquiva
Tres historias detenidas, rebeldes.
Se niegan, se molestan, se trepan una sobre la otra.
Se retrasan.
Me impacientan.
¿O seré yo la culpable y ellas mis víctimas?
Ires y venires.
Es como "La autopista del sur", de Julio Cortázar. Sin auto y sin grandes intercambios. Entonces no es, descartado.
Son ideas que maniobran en la carretera a trasmano y se desmanejan. Sí, esta posibilidad se acerca más.
¿Se salvarán todas? ¿Alguna? ¿Se entrelazarán?
El tiempo -la carretera- dirá si encuentran la salida. O al menos un caminito al costado.
La letra -que reina y ordena- decidirá.
Si puede.
Se niegan, se molestan, se trepan una sobre la otra.
Se retrasan.
Me impacientan.
¿O seré yo la culpable y ellas mis víctimas?
Ires y venires.
Es como "La autopista del sur", de Julio Cortázar. Sin auto y sin grandes intercambios. Entonces no es, descartado.
Son ideas que maniobran en la carretera a trasmano y se desmanejan. Sí, esta posibilidad se acerca más.
¿Se salvarán todas? ¿Alguna? ¿Se entrelazarán?
El tiempo -la carretera- dirá si encuentran la salida. O al menos un caminito al costado.
La letra -que reina y ordena- decidirá.
Si puede.
sábado, 25 de mayo de 2013
Infancia con libro
Frío del sur.
Es tan intenso a la mañana que ella se tapa hasta el cuello. Más no puede, está leyendo. Es muy probable que la frazada llegue hasta la boca.
Para las manos tiene una solución: guantes.
En su libro favorito busca “Mil grullas” y llora. Cuando la
bomba. Cuando la chica. Cuando el final.
Como todas las veces.
Foto de un álbum interior que Elsa Isabel Bornemann nunca
conoció.
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