lunes, 10 de junio de 2013

El tema de la resignación

Desafío.

Con miedo y sin red se sostiene en una estructura vacilante.

Los hombros a media asta develan el duelo.

La decrepitud acecha.

Ella.

lunes, 3 de junio de 2013

La palabra esquiva

Tres historias detenidas, rebeldes.

Se niegan, se molestan, se trepan una sobre la otra.

Se retrasan.

Me impacientan.

¿O seré yo la culpable y ellas mis víctimas?

Ires y venires.

Es como "La autopista del sur", de Julio Cortázar. Sin auto y sin grandes intercambios. Entonces no es, descartado.

Son ideas que maniobran en la carretera a trasmano y se desmanejan. Sí, esta posibilidad se acerca más.

¿Se salvarán todas? ¿Alguna? ¿Se entrelazarán?

El tiempo -la carretera- dirá si encuentran la salida. O al menos un caminito al costado.

La letra -que reina y ordena- decidirá.

Si puede.

sábado, 25 de mayo de 2013

Infancia con libro

Frío del sur.

Es tan intenso a la mañana que ella se tapa hasta el cuello. Más no puede, está leyendo. Es muy probable que la frazada llegue hasta la boca.

Para las manos tiene una solución: guantes.

En su libro favorito busca “Mil grullas” y llora. Cuando la bomba. Cuando la chica. Cuando el final.

Como todas las veces.  

Foto de un álbum interior que Elsa Isabel Bornemann nunca conoció.

sábado, 18 de mayo de 2013

Obituario


Los 500 chicos a quienes les robaron su identidad.
Los chicos obligados a vivir con los verdugos de sus padres. 
Los desaparecidos de la Santa Cruz. 
Los pibes de La Plata. 
Las detenidas desaparecidas con panza.
Los detenidos desaparecidos.

Las abuelas. Las madres. Las madres desaparecidas.
Los hermanos con infancias rotas.
Julio Morresi, su hijo.
Diego Ferreyra, su padre. 

El dictador. Sus víctimas.

sábado, 4 de mayo de 2013

Una de suspenso


Valeria viajó a Salta. Y cuando vino con la novedad de las vacaciones, me acordé que también yo conocía Salta. Fue hace mucho. Tanto que no me acuerdo de Salta.

Cuando solía  ser periodista trabajaba para uno que hacía investigación y me especialicé en el acotado ramillete de temas que mi jefe manejaba. Si pintaba ruta del narcotráfico, me apuntaba. Y me emocionaba. Es que uno piensa drogas, narcos y se imagina la de suspenso. Nunca tanto chiquita, dirían los chilenos. Bajate de los títulos que la película está en otro lado.

De todos modos, Salta, la linda.

Los caminos del ingreso de estupefacientes al país era un informe para la tele y tele significa camarógrafo, la estrella que pregunta en cuadro y una servidora todo terreno. A la servidora le tocó llegar primero, eso estaba bueno. Y si no hubiera sido por la llamada, habría alcanzado el combo ideal de soledad y lugar bello. 

Me acuerdo perfectamente del centro cívico de edificios coloniales alrededor de la plaza típica. En mi foto, un banco. Y yo que hablo por celular sentada en el banco. Estoy buscando a alguien de la jefatura de policía. Creo que era el comisario. Pero tal vez no. Mi idea era reunirme con el hombre en cuestión y después que se yo. Un rato de paseo. Y comer en algún lugar, por ahí.

Antes de llamar debo haber revisado mentalmente cómo iniciar la conversación. El tipo me había prometido datos. Pistas. Para rastrear el camino de la droga. O el nombre de algún personaje clave. No se. No me acuerdo.

Llamo. Me atiende el comisario o quien fuera. Seguramente me pregunta cómo estuvo el vuelo. O tal vez fue el secretario el que levantó el teléfono y después me pasó con su superior. ¿Le habré dicho que yo podía entrevistarlo en ese momento?

“Claro, venga a la comisaría”.

Y yo, “¿dónde es la comisaría?”

Y él dijo. Y me morí bien muerta de miedo. “Desde donde usted está, en la plaza”…

Siguió hablando pero no lo escuché más. Y me paré. ¿Cómo sabía mi ubicación? Bien podría estar en la habitación del hotel. O en un bar. O frente al monumento de Güemes. O en el aeropuerto mismo.

Pero el señor dijo. Desde donde usted está, en la plaza. Hacia todos los lados miré. Soy paranoica -lo admito- pero a veces me ayudan.

¿Cómo llegué a la comisaría? Ni idea. ¿Si le pregunté de qué manera había averiguado mi paradero momentáneo? No. ¿Si estaba asustada? Si. ¿Si pregunté lo que tenía que preguntar? Ni me acuerdo. ¿Cuánto tardé en regresar al hotel, fuente de una ficticia seguridad? Tiempo récord.  Y no salí más hasta que llegó la cámara y el periodista estrella.

A la distancia puedo aseverar que la investigación sobre las rutas del narcotráfico fue más título que programa. Pero el comisario, o quien fuera, ese que conocía en qué banco estaba sentada, no lo sabía. También existe la  posibilidad de que yo me haya creído la de suspenso. Sin embargo mi lóbulo paranoide está seguro de que me seguían los pasos. Y yo, que se yo. Me debo Salta la linda.  

domingo, 28 de abril de 2013

La borrosa nitidez de un instante


Un instante robado a la
secuencial intimidad de dos.

Es la nitidez de una hermandad
que al espiarla, se hace borrosa.

Imposible entrar.

Tampoco intento.

El diálogo, cosa de ellas.



lunes, 22 de abril de 2013

La infiel


 “Dejá, ese no lo envuelvas”.

¿Se puede amar dos libros a la vez?

“El mundo según Garp” de John Irving estaba en mi cartera cuando llegué a la librería. Inocente él, no sabía. Comprar un regalo era solo una excusa, o una verdad partida. Yo iba a llevarme además “El amor nos destrozará”, de Diego Erlan.  

“Despertarte y tomar el libro antes que la taza de café”.  Las palabras de Gaby en un tweet, alcanzaron para tentarme. Soy mujer de un solo libro. Pero a veces, las circunstancias. 

Que es su cumpleaños. Que tengo que elegirle algo y que van a ser cuentos o una novela. Y que ahí está ese. Y cómo no lo voy a llevar. Total, si siempre necesito próximas lecturas.  Resultado: el ejemplar de Erlan se desliza junto a Irving en mi bolso. 

Se rozan, estoy segura.

Ni bien atravieso la puerta de la librería busco en el interior de la cartera. Y en la vereda, leo la primera página.

“Para pispear nomás”, me convenzo.   

Una señora con perro y changuito me dice que no es lugar. No me importa pero le hago caso. Y empiezo a caminar con el libro abierto.

Ya lo sé. Lo intuyo. La traición a Garp amenaza a la vuelta de la esquina.

Llego a casa. Poco tiempo. Voy a salir. Recambio de objetos. Y sucede.

Dejo en la cartera la novela recién comprada en vez de reservarla en la biblioteca. ¿Es un error? No. Porque al minuto sale  “El mundo según…”. Como si fuera un acto sin importancia.

Pero.

Es difícil dejar a Irving. Lo quiero. Me acompaña.  Debo admitir que es una relación tierna, sin pasión. Quizás “El amor…”  nos encontró en una meseta y… “No me faltás Garp”, me dan ganas de gritarle. Pero tal vez sea una verdad a medias. Y para qué quemar naves, ¿no?

Un viaje en colectivo y estoy adentro de la historia de Erlan. Después en la sala de espera, al lado de la cama de mi madre, que se recupera, en un bar mientras espero a Dani.

Soy mujer de un solo libro. Sin embargo,  confieso,  me entregué a los encantos del tercero. Leo sobre el amor y sus destrozos y estoy ahí.  

Señor Irving, las disculpas del caso. Garp sabrá esperar.

Y yo volveré.

Creo.